Santa Pelagia de Antioquía, virgen y mártir del siglo IV, es recordada en la tradición de la Iglesia como un testimonio conmovedor de valentía y pureza cristiana. En una época de duras pruebas para quienes abrazaban la fe en Cristo, esta joven entregó su vida de manera heroica en su ciudad natal, dejando una huella imborrable de fidelidad que resonaría a través de los siglos.
Su memoria ha sido custodiada con gran reverencia, habiendo sido elogiada históricamente por el gran obispo y doctor de la Iglesia, san Juan Crisóstomo. Su sacrificio, ocurrido bajo el imperio de Diocleciano, brilla hoy como un faro de dignidad humana y entrega espiritual, recordándonos la primacía de la gracia divina sobre los poderes de este mundo.