Presentación de la Bienaventurada Virgen María

Actualizado el 20 de julio de 2026

Presentación de la Bienaventurada Virgen María

La consagración en el templo

La vida de la Santísima Virgen María, preservada desde su concepción de toda mancha de pecado original, encuentra un hito fundamental en su presentación en el templo de Jerusalén durante su tierna infancia. Este acto de consagración personal simboliza la entrega total de su voluntad y de su pureza al servicio de los designios divinos. En el recinto sagrado, la pequeña María experimenta el encuentro con la profetessa Anna, un momento de profunda gracia que prefigura la fidelidad con la que abrazaría su misión única en la historia de la salvación.

Posteriormente, en perfecta consonancia con su consagración y su camino de fe, María contrae un castísimo desposorio con san José. Este vínculo terrenal, vivido en la más pura santidad, resguarda el misterio de su vocación y prepara el camino para el acontecimiento más sublime de la humanidad: su maternidad divina de Jesucristo. Cada uno de estos pasos en la vida de la Virgen manifiesta una obediencia silenciosa y una confianza plena en la providencia del Padre.

Significado y devoción

La memoria de la Presentación, celebrada cada veintiuno de noviembre, nos recuerda la importancia del silencio interior y de la ofrenda cotidiana. Al contemplar a María que se entrega a Dios en el templo de Jerusalén, los fieles encuentran un testimonio elocuente de lo que significa vivir en constante comunión con el Señor. Su vida es un faro de santidad que ilumina especialmente a quienes han abrazado la vida consagrada, recordándoles la belleza de una entrega sin reservas.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo se celebra la Presentación de la Bienaventurada Virgen María?

Esta memoria litúrgica se celebra cada año el 21 de noviembre.

¿De quiénes es patrona la Virgen María en esta festividad?

Bajo esta advocación y memoria, la Virgen María es patrona de los consagrados.

Memoria de la Presentación de la bienaventurada Virgen María. El día después de la dedicación de la basílica de Santa María la Nueva construida junto al muro del templo de Jerusalén, se celebra la dedicación que hizo de sí misma a Dios desde la infancia aquella que, bajo la acción del Espíritu Santo, de cuya gracia había sido llena ya en su inmaculada concepción, se convertiría después en la Madre de Dios. — Martirologio Romano