San Beda, llamado el Venerable
Sacerdote y doctor de la Iglesia
Actualizado el 20 de julio de 2026
Una vida entregada al claustro
La andadura terrenal de Beda comenzó en la región de Wearmouth, donde a la temprana edad de siete años fue confiado al monasterio local para recibir instrucción. En este ambiente de silencio y contemplación, el joven oblato descubrió su vocación sagrada. Su madurez espiritual y su capacidad intelectual le permitieron ser ordenado diácono a los diecinueve años, una edad inusual para la época, y posteriormente recibió la ordenación sacerdotal al cumplir los treinta años.
Establecido en el monasterio de Jarrow, Beda dedicó sus días a la redacción de innumerables textos teológicos, científicos e históricos. Su incansable labor culminó en el año 731 con la finalización de su célebre crónica sobre la Iglesia de los anglos. El santo permaneció en su amado retiro hasta el año 735, cuando entregó su alma al Creador en Jarrow. Siglos más tarde, en 1022, sus restos fueron trasladados a la catedral de Durham, donde continuaron recibiendo la veneración de los fieles.
Reconocimiento y legado
El eco de la santidad y la erudición de Beda atravesó los siglos, consolidando su reputación como el Venerable. Aunque su veneración se mantuvo viva de manera ininterrumpida desde su muerte, fue el Papa León XIII quien, en el año 1899, oficializó su culto universal al declararlo santo y doctor de la Iglesia, reconociendo así el valor perdurable de sus escritos para la teología universal.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo se celebra la festividad de San Beda el Venerable?
Su festividad se celebra el 25 de mayo, aunque litúrgicamente se le conmemora también el 26 de mayo, día de su tránsito a la gloria celestial en el año 735.
San Beda el Venerable, sacerdote y doctor de la Iglesia, que, siervo de Cristo desde la edad de ocho años, transcurrió toda su vida en el monasterio de Jarrow en Northumbria en Inglaterra, dedicado a la meditación y a la explicación de las Escrituras; entre la observancia de la disciplina monástica y el ejercicio cotidiano del canto en la iglesia, siempre le fue dulce aprender, enseñar y escribir. — Martirologio Romano