San David

Rey y profeta

Actualizado el 20 de julio de 2026

San David

Su camino y el trono

La andadura de David comenzó en Belén, donde el profeta Samuele lo ungió con el óleo santo, señalándolo como el elegido de Dios para regir los destinos de Israel. Su juventud quedó marcada por la célebre victoria sobre el gigante filisteo Goliat, a quien derribó valiéndose únicamente de una honda y una piedra, demostrando que la verdadera fuerza reside en la confianza en el Señor.

Como soberano de su pueblo, David consolidó el reino y trasladó la sagrada Arca de la Alianza a Jerusalén, entronizándola en el monte Sión en medio de la alegría comunitaria. A pesar de su grandeza, conoció la fragilidad humana y el pecado; sin embargo, al ser reprendido por el profeta Natán, mostró un arrepentimiento sincero que conmovió el corazón de Dios. En el ocaso de su vida, antes de partir al descanso eterno, exhortó con sabiduría a su hijo Salomón a mantenerse fiel en el seguimiento de los mandamientos divinos.

Su memoria santa

La memoria de san David se custodia con especial solemnidad en la liturgia, reconociendo su doble condición de monarca y heraldo de la palabra divina. Su vida, que transcurrió entre las colinas de Belén y la majestad del monte Sión en Jerusalén, sigue siendo un testimonio de cómo la gracia divina puede obrar en la debilidad humana cuando existe un espíritu verdaderamente contrito.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo se celebra la festividad de san David?

La Iglesia conmemora la santidad del rey y profeta David el día 29 de diciembre.

Conmemoración de san David, rey y profeta, que, hijo de Jesé de Belén, halló gracia ante Dios y fue ungido con óleo santo por el profeta Samuel, para que reinase sobre el pueblo de Israel; trasladó a la ciudad de Jerusalén el Arca de la Alianza del Señor, y el Señor mismo le juró que su descendencia permanecería eternamente, porque de ella nacería Jesucristo según la carne. — Martirologio Romano