San Donaciano

Mártir en Nantes

Actualizado el 20 de julio de 2026

San Donaciano

El martirio y el beso de fe

En el contexto de las persecuciones contra los cristianos en los siglos tercero o cuarto, la ciudad de Nantes fue el escenario del arresto de Donaciano. Su fe inquebrantable molestaba a las autoridades locales, que exigían la adoración de los ídolos paganos. Al ser conducido a prisión, su hermano Rogaciano decidió seguir sus pasos, compartiendo el cautiverio pero con la aflicción de no haber recibido aún el sacramento del bautismo.

Ante la inminencia de la muerte y la imposibilidad de un bautismo ritual, Donaciano, movido por un amor santo y una profunda confianza en la gracia divina, selló la frente de su hermano con un beso. Este gesto sagrado actuó como un bautismo de deseo y de sangre, uniendo a ambos hermanos en un mismo destino espiritual. Tras sufrir crueles torturas por negarse a rendir culto a los falsos dioses, ambos fueron ejecutados, entregando su vida por Cristo.

La paz de las reliquias

El descanso definitivo de los santos mártires llegó tras tiempos de gran turbulencia. Después de la promulgación del Edicto de Milán en el año 313, que otorgó la libertad de culto a los cristianos en el Imperio Romano, los restos de Donaciano y su hermano Rogaciano fueron recuperados con gran reverencia y depositados en una iglesia de su Nantes natal, donde comenzaron a ser venerados por los fieles como protectores y modelos de constancia cristiana.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo se celebra la fiesta de San Donaciano?

La Iglesia católica celebra la fiesta litúrgica de San Donaciano el 24 de mayo, según lo inscrito en el Martirologio Romano, conmemorando además la traslación de sus reliquias el 21 de octubre.

En Nantes, en la Galia Lugdunense, en Francia, santos hermanos Donaciano y Rogaciano, mártires, de los cuales, según la tradición, el primero había recibido el bautismo, mientras que el otro todavía era catecúmeno; llegados a la prueba extrema, Donaciano, besando a su hermano, rogó a Dios que concediera a aquel que no había sido inmerso en la sagrada fuente bautismal poder ser rociado por su propia sangre derramada. — Martirologio Romano