San Macario de Jerusalén
Obispo
Actualizado el 20 de julio de 2026
Defensa de la fe
Durante su ministerio episcopal en Jerusalén, Macario afrontó con entereza el surgimiento de la doctrina herética difundida por el sacerdote libico Ario. Con celo pastoral y claridad evangélica, el obispo se opuso firmemente a estas enseñanzas que amenazaban la recta comprensión de la divinidad de Cristo, protegiendo así a la comunidad que le había sido confiada de los errores que dividían a la Iglesia.
Esta firmeza doctrinal lo llevó a participar activamente en el Concilio de Nicea, convocado en el año 325. En esta asamblea de obispos, Macario unió su voz a la de los padres conciliares para confirmar la doctrina tradicional de la Iglesia. Su contribución fue fundamental en la redacción del célebre Simbolo niceno, la profesión de fe que hasta el día de hoy los fieles recitan en la celebración de la Santa Misa como expresión de comunión y verdad.
Los santos lugares
Más allá de su labor teológica, san Macario desempeñó un papel providencial en la recuperación de la memoria histórica de la salvación. El obispo obtuvo del emperador Costantino el consentimiento necesario para demoler el templo pagano del Campidoglio, que había sido edificado sobre los espacios sagrados de Jerusalén, permitiendo así la riscoperta y el desentierro del Santo Sepulcro.
Por este motivo, el Martirologio Romano conmemora su figura de manera singular, asociando su labor a la de santa Elena, pues ambos trabajaron con devoción para rescatar del olvido los lugares santos que presenciaron la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, permitiendo que las futuras generaciones de creyentes pudieran venerar la tumba vacía del Salvador.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo se celebra la festividad de San Macario de Jerusalén?
La Iglesia católica conmemora a San Macario de Jerusalén el día 10 de marzo, recordando su vida de servicio y su labor en la recuperación de los lugares santos.
En el mismo día, conmemoración de san Macario, obispo de Jerusalén, por exhortación del cual los lugares santos fueron sacados a la luz por Constantino el Grande y por su madre santa Elena y ennoblecidos con la construcción de sagradas basílicas. — Martirologio Romano