Santi Proto y Jacinto
Mártires de Roma
Actualizado el 20 de julio de 2026
Su martirio y el paso de los siglos
La vida de los santos Proto y Jacinto se consumó en el siglo III en la ciudad de Roma, donde alcanzaron la corona del martirio. Tras su muerte, sus cuerpos recibieron sepultura en el cementerio de Bassilla, ubicado en la antigua Vía Salaria. Este lugar sagrado se convirtió pronto en un punto de referencia para los fieles que buscaban la intercesión de quienes habían permanecido firmes en la confesión de Cristo.
Con el paso del tiempo, la Iglesia de Roma veló por la memoria de estos mártires. En el siglo IV, el papa Damaso llevó a cabo la restauración de su sepulcro, dignificando el lugar de su descanso eterno. Más tarde, entre los siglos VIII y IX, las reliquias de san Proto fueron trasladadas dentro de la ciudad de Roma para su custodia. El testimonio de san Jacinto recibió una luz nueva en el año 1845, cuando se halló su tumba completamente intacta en el antiguo cementerio, un hallazgo que conmovió a la comunidad creyente y reavivó la devoción hacia estos antiguos testigos de la fe.
La memoria de su sepulcro
El culto a los santos Proto y Jacinto está profundamente ligado a la geografía sagrada de las catacumbas romanas y al cuidado de sus restos mortales. La veneración que comenzó en la Vía Salaria se ha mantenido viva a través de los siglos gracias al redescubrimiento de sus lugares de sepultura. La tumba intacta de san Jacinto, hallada en el siglo XIX, permanece como un signo visible de la victoria de la fe sobre el olvido del mundo.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo se celebra la fiesta de los santos Proto y Jacinto?
La fiesta de estos santos mártires de Roma se celebra el 11 de septiembre.
En Roma en el cementerio de Basila sobre la vía Salaria antigua, deposición de los santos mártires Proto y Jacinto, que el papa san Dámaso celebró en sus versos, recuperando sus túmulos escondidos bajo tierra. En este lugar, cerca de quince siglos después han sido nuevamente hallados el sepulcro intacto de san Jacinto y su cuerpo consumido por el fuego. — Martirologio Romano