Transfiguración del Señor

Actualizado el 20 de julio de 2026

Transfiguración del Señor

El misterio en el monte

En el silencio del siglo I, Jesús se retiró hacia las alturas del Monte Tabor con el propósito de orar, llevando consigo a sus discípulos más cercanos: Pedro, Santiago y Juan. En la quietud de aquella cumbre, mientras el Señor se encontraba en comunión íntima con el Padre, su cuerpo se transformó ante los ojos de los apóstoles. Su rostro brilló como el sol y sus vestiduras se volvieron de una blancura deslumbrante, revelando por un instante la gloria divina que habitualmente permanecía oculta bajo su condición humana.

Durante este prodigio celestial, se hicieron presentes Moisés y Elías, quienes conversaban con el Salvador sobre su próximo destino en Jerusalén, donde se consumaría su entrega. En ese instante de asombro, una nube luminosa los cubrió con su sombra y desde ella se escuchó la voz del Padre celestial, que proclamó a Jesús como su Hijo amado y elegido, exhortando a los discípulos a escuchar su palabra. Tras este acontecimiento místico, los apóstoles descendieron del monte guardando en sus corazones la certeza de la divinidad de su Maestro.

La memoria litúrgica

La Iglesia conmemora este acontecimiento sagrado cada 6 de agosto, ofreciendo a los creyentes una oportunidad para contemplar el destino definitivo del hombre en Dios. La memoria litúrgica de la Trasfiguración de Nostro Señor nos invita a elevar la mirada por encima de las realidades terrenales, reconociendo en el rostro resplandeciente del Salvador la promesa de nuestra propia glorificación futura.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo se celebra la fiesta de la Transfiguración del Señor?

La memoria litúrgica de la Trasfiguración de Nuestro Señor se celebra solemnemente cada año el 6 de agosto.

Fiesta de la Transfiguración del Señor, en la cual Jesucristo, el Hijo Unigénito, el amado del Eterno Padre, delante de los santos Apóstoles Pedro, Jacobo y Juan, teniendo como testigos la ley y los profetas, manifestó su gloria, para revelar que nuestra humilde condición de siervos por Él mismo asumida había sido por obra de la gracia gloriosamente redimida y para proclamar hasta los confines de la tierra que la imagen de Dios, según la cual el hombre fue creado, aunque corrompida en Adán, había sido recreada en Cristo. — Martirologio Romano